Pensamiento Colectivo

La dinámica cotidiana, en especial en un trabajo provoca que se realicen acciones “mecánicas”, sea por costumbre o por herencia; después de todo el ser humano no deja de ser un “animal de hábitos”; al parecer la memoria corporal nos brinda confort.

No obstante, los grandes problemas o los grandes retos que se presentan en las organizaciones, pueden ser superados si los involucrados se tomaran el tiempo necesario para “pensar” de manera colectiva como enfrentar la situación.

Incluso en otro sentido, cuantas cosas no se lograrían con sólo pensar con calma lo que se quiere y como hacerlo, maximizar las posibilidades de éxito y así, simplemente lograr la meta trazada partiendo de una planificación en lugar de la improvisación, o peor aún: de la suerte.

Y no es que no pensemos, sin duda que nuestra mente trabaja todo el día, pero me refiero a revisar con amplitud, racionalidad, alguna decisión antes de tomarla. Mejor aun, pensar con otras personas, en particular nuestros colaboradores, y elevar nuestro poder de pensamiento. Dice el dicho que “dos cabezas piensan mejor que una”.

Una idea se vuelve más poderosa cuando ha sido sometida a prueba, y una buena forma es exponerla ante un grupo o red de pensamiento, en donde otras personas, con su pensamiento e ideas, cuestionen o construyan a partir de la idea y con ello se potencia el efecto deseado, admitir o desechar una idea; es en el debate de las ideas donde se fortalece el espíritu.

Articular una red de pensamiento, en particular con quienes más interectuamos, puede brindarnos muchos beneficios, desde una mejor comunicación hasta alcanzar sofisticadas propuestas de solución a un problema o para el crecimiento del equipo o la organización. En nuestra vida personal solemos identificar personas a las que les tenemos la confianza para “rebotar” ideas, en un afán de afianzar nuestra toma de decisiones.

Directivos destacados suelen confrontar la totalidad o parte de sus ideas con diversas personas: sus colaboradores, consultores u otros directivos; incluso en análisis de política pública se usa “la prueba del taxista” que no es otra cosa que someter una idea al escrutinio de otra persona, en este caso desconocida; en general, un buen directivo se toma todo el tiempo que sea posible, ni más ni menos, para pensarse una decisión relevante.

Los “consejos” y otras formas de toma de decisiones colegiadas u órganos de gobierno corporativo, no son sino redes de pensamiento afinadas y enfocadas para procesar y determinar la pertinencia de las decisiones a tomar, a partir de las ideas propuestas.

En oficinas de gobierno, las coordinaciones de asesores son estructuras que permiten habilitar una red de pensamiento para fortalecer el proceso de decisión de sus titulares; así que los gobiernos que han prescindido de éstas, seguramente se han expuesto a mayores problemas en la implementación de sus programas o de las políticas públicas.

El pensamiento como acto de pensar es individual, muy personal, pero para que una idea cobre fuerza y trascienda requiere de la acción colectiva, generalmente de algún tipo de red de pensamiento, para después pasar a su ejecución, en donde el margen de maniobra estará acotado por la decisión inicial, y de ahí la relevancia de pensársela bien, pensarla colectivamente.

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El prestigio: un activo clave pero frágil

El prestigio es sin duda parte del patrimonio familiar; hay quienes pueden llegar a excesos con tal de salvaguardar el “apellido” familiar, no obstante sí existe un peso específico para cada familia en cada grupo social en lo que respecta a su reputación, ya sea de manera inmediata o futura, el prestigio se puede convertir en un activo de relevancia.

Algo que nos recomiendan psicólogos y especialistas en formación infantil es inculcar a nuestros hijos el valor de la responsabilidad, y como en todo, se debe predicar con el ejemplo. En este sentido, toda inversión que contribuya a la actuación responsable de la familia será de gran ayuda.

Si bien no se puede vivir sólo del nombre o el apellido, es de gran utilidad generar un modo habitual de proceder en la familia: con honestidad, nobleza, solidaridad, alegría, etc. Lo importante es generar una convicción colectiva que contribuya a establecer un código de ética familiar, sin necesidad de escribirlo, y que sea un soporte para la vida cotidiana de los miembros de la familia; esto es vivir con consistencia los valores familiares.

Ahora bien, no importa lo que se haga durante años, incluso generaciones, una mala decisión puede echar por tierra todo lo construido en torno al prestigio, familiar, de ahí la importancia de practicar de manera constante un mismo código de conducta familiar.

La mejor manera de invertir en este tema del prestigio familiar es promover la consistencia entre lo que se dice y lo que se hace, tomando decisiones adecuadas y respaldándolas en todo sentido; a veces es muy fácil adoptar un compromiso y muy difícil cumplirlo; nada más dañino que incumplir, y eso incluye nuestros compromisos con el fisco para el pago de impuestos, o los contratos que podamos suscribir con clientes o proveedores.

Quien internaliza está capacidad de contribuir de manera colectiva y sistémica al prestigio familiar, lo hará para su empresa u organización.

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La educación es una inversión

Uno de mis maestros de humanismo explicaba que el mejor ejemplo de subsidiariedad se da en la familia, cuando los padres se encargan de fomentar el sano desarrollo de los hijos para que a su vez, en el futuro, puedan llegar a valerse por sí mismos, formar una familia y trasladar a la siguiente generación ese apoyo subsidiario.

Pensar en el futuro de nuestros hijos, así sea uno sólo, no es una tarea sencilla, pues la vida humana es altamente compleja; desde antes de su nacimiento, deseamos que los hijos tengan salud, los cuidamos con esmero cuando son bebés, buscamos proveerlos de la mejor alimentación, vestido o habitación que nos sea posible y cotidianamente tratamos de inculcarles nuestros valores que sin duda son la base de su educación.

Desde niño escuché a mis propios padres, y a otros más, decir que la mejor herencia que se puede dejar a un hijo es su educación; claro que estoy de acuerdo si consideramos que la educación no debe limitarse sólo a la formal que pudiera proveer la escuela o la universidad, sino a todos los procesos que concurren para la formación y aprendizaje necesarios para el buen desarrollo de una persona humana.

Así por ejemplo, la práctica sistemática de algún deporte, permite a nuestros hijos aprender sobre la disciplina, los retos y la recompensa de alcanzar alguna meta; la participación en nuestra comunidad religiosa, les facilita aprender más sobre nuestras creencias, nuestra fe y expandir sus capacidades espirituales; pertenecer a algún club o asociación que se dedique al servicio comunitario los hace más sensibles a nuestro entorno y a las necesidades de nuestros semejantes; y por supuesto que la vida familiar les provee de una perspectiva histórica y de una visión de futuro que despertará sus sueños y sus anhelos.

La lectura de distintos géneros como el cuento, la poesía, el ensayo y la novela, ya no digamos la amplia gama de libros científicos y técnicos, son una fuente para abrir la mente a nuevos conocimientos y a posibilidades de construir esas “ideas fuerza” que sean el motor propulsor de las acciones futuras de nuestros hijos; de igual forma, la posibilidad de escribir, componer canciones, declamar poemas, tocar un instrumento, pintar, esculpir o cualquier otra actividad de creación artística, contribuirá tanto a su plasticidad cerebral como a ampliar la formación cultural de nuestros hijos.

Llegado el momento, nuestros hijos decidirán a que quieren dedicarse, por lo que sí cuentan con la educación necesaria para ser mejores personas cada día, podremos estar tranquilos que su decisión será la adecuada, y que estaremos dando viabilidad a las siguientes generaciones.

La educación en lo individual como personas y en lo colectivo como familia, es un activo importantísimo del patrimonio familiar, cuyos resultados o beneficios no se aprecian en el corto plazo sino al paso de muchos años y quizás de otras generaciones, pero sin duda que es el mejor camino para la trascendencia humana, pues proveerá a nuestros hijos y a nuestra familia de herramientas útiles para ser y hacerse personas íntegras.

Hacer cuentas de cuánto cuesta la educación de un hijo, además de complejo, por todo lo que implica, sería impropio; existe lo que los economistas llaman el “costo de oportunidad”; nuestros hijos tendrán una edad y tiempo específicos para ir a la escuela, a cierto grado o a cierto curso, así como para hacer y vivir las experiencias que contribuyan a su educación; así que la decisión de cómo invertir en su educación debe de tomarnos todo el tiempo necesario para procesar la información disponible, pero con la prontitud mínima necesaria para hacerlo en tiempo y forma.

Así que toda posibilidad de educación, más que catalogarla como un gasto familiar, debe de entenderse como una inversión, de muy largo plazo, a cuenta de la natural subsidiariedad generacional y en interés de incrementar el patrimonio familiar. Después de todo, es por el bien de la familia.

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El placer (y deber) de compartir

Cuando se decide formar una familia existen diversas motivaciones, muchas de ellas transitan por el humano deseo de la trascendencia, lo que implica buscar el logro de metas, hacer planes, aunque no necesariamente se escriban, pero lo más importante es que a partir del momento de fundación de una familia, es decir al inicio del matrimonio, comienza una experiencia humana clave para nuestra civilización: compartir.

Los tiempos actuales han exacerbado el individualismo y el materialismo, lo que ha complicado esta idea de compartir con otros, ya no se diga lo que corresponde a la pertenencia individual, sino a la colectiva, lo que se conoce como el Bien Común; y entonces enfrentamos problemas para compartir espacios públicos: la calle, los parques, el aire que respiramos.

Bajo estas condiciones resulta difícil tomar conciencia de la relevancia de compartir, y que es en la familia, núcleo de toda sociedad, en donde mejor se aprende y se ejerce; cuando esto no sucede de la mejor forma enfrentamos crisis tan complejas, como la que hoy día ha desvirtuado la jerarquía de nuestros principales valores humanos; y entonces las sociedades terminan por cambiar.

Añorar tiempos pasados es una acción inútil en sí misma, reflexionar sobre la historia para incidir en nuestro destino hacia futuro puede ser de mayor valía; así entonces, muchos se lamentarán en el futuro de haber cedido a la “ola” de las tendencias, de los que “hacen las mayorías” por no darse un tiempo adecuado para pensar con claridad y tomar decisiones que en verdad modifiquen el rumbo actual de sus vidas.

La vida en familia ha sido trastocada con total fuerza por los acontecimientos y las confusiones que privan actualmente, pero eso no significa que no haya nada por hacer; aun desde un enfoque materialista, un tema de toda relevancia para la “protección” de la vida en familia es, sin duda alguna, generar un patrimonio.

Es claro que prácticamente nada es totalmente seguro, por lo que conseguir certidumbre resulta muy difícil, de ahí que la mejor forma de eliminar la incertidumbre sea revelar cuanto sea posible los escenarios futuros y tomar mediadas a tiempo; en especial, hacer las previsiones necesarias para acrecentar un patrimonio que brinde mayor futuro a nuestra vida familiar.

El patrimonio es el conjunto de bienes o derechos que generan algún valor para una o más personas, por lo que el patrimonio familiar se refiere a los bienes y derechos comunes a quienes integran la familia, y que permiten preservar y mejorar la vida en familia, lo que indudablemente está ligado a un plan o proyecto de vida en conjunto.

En términos generales, podemos decir que el patrimonio familiar  son aquellos bienes y derechos que contribuyen a respaldar ciertos aspectos de la vida en familia como son: salud, educación, ingreso, seguridad, bienes muebles e inmuebles, ahorro, pensión y prestigio. Este patrimonio pertenece a la familia, por ello la responsabilidad de integración y uso debe compartirse.

Compartir es sin duda un placer, sobre todo para quienes somos padres; sin duda que es parte de la madurez; pues de pequeños nos gusta que nos den regalos y cuando crecemos encontramos mayor felicidad en darlos. Así pues, contribuir a incrementar el patrimonio familiar es una dicha y placer que se comparte en familia, cómo debe de ser.

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Facilitar el trámite de pensión

Antonio Simancas

La Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro ha lanzado una nueva estrategia para mejorar la atención de solicitudes de trabajadores que buscan pensionarse al amparo de la Ley del Seguro Social.

En un evento encabezado por el Secretario de Hacienda Ernesto Cordero, y los titulares del IMSS y la CONSAR, se dio por iniciado un nuevo servicio que además de facilitar la vida a poco más de cien mil trabajadores al año que bsucan pensionarse, da un paso de toda la relevancia para el sistema mexicano de pensiones, en especial de las AFORES.

La problemática a resolver son los requisitos para solicitar la pensión en el IMSS, que van desde tener el Estado de Cuenta de la AFORE con todos sus datos, hasta realizar diversas solicitudes para que coincidan los datos personales del trabajador con su acta de nacimiento y su CURP.

La oferta es realizar un análisis previo en la AFORE de tal suerte que el trabajador, o sus beneficiarios, no tengan que ir a unas y otras ventanillas, sino que ahora podrán resolver estos trámites previos desde la Administradora de sus fondos, para que una vez verificado que todo está en orden, reciban una pre-solicitud que agilice el trámite con el IMSS.

Lo trascendente para el trabajador es la simplificación de los diversos trámites, que como es habitual en México se dejan para el último momento, en este caso al momento del retiro; lo trascendente para la AFORE es brindar un servicio que contribuya a tangibilizar su valor y quizás en un futuro próximo a ganar mayor arraigo (legitimidad) entre la población trabajadora.

Por supuesto que extraña que las AFORES hayan tardado tanto tiempo en dar un paso así, pues desde hace años urge que su popularidad se aprecie, no sólo entre los especialistas, sino entre la clase trabajadora; claro está, las instancias de gobierno mucho han tenido que ver, por no decir que esto ha sido una iniciativa de la propia CONSAR.

MAP. Antonio Simancas
http://twitter.com/asimancas

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Una pensión digna ¿para qué?

Elba y Antonio

Estos años hemos buscado despertar mayor interés, y de ser posible conciencia, sobre la importancia de prever el futuro ahorrando para una pensión, o tomando medidas complementarias o alternativas, que permitan disminuir la incertidumbre futura de cómo podremos sobrevivir en la vejez; que mejor que con una pensión digna.

Hemos transitado por el tema de la tasa de reemplazo, ese porcentaje que representa la pensión de nuestro ingreso promedio en nuestra vida laboral, y ante el inminente envejecimiento de la estructura población en México, y el mundo, no cabe duda que una opción clara es empezar a ahorrar, o mejor dicho a invertir, desde hoy, pues el costo de oportunidad es por demás relevante, pues en 40 años de vida laboral tus ahorros pueden terminar por triplicarse, incluso a valor real.

No obstante, hoy 18 de marzo, además de que se celebra el asunto del petróleo, en lo personal celebro un acontecimiento memorable, que fue el iniciar una relación, que desde siempre supe sería para toda la vida, con mi ser amado; y es curioso, pero desde hace 17 años, cuando se dio aquel feliz acontecimiento, mi aspiración, o mejor dicho nuestra aspiración, ha sido poder llegar a la vejez compartiendo una vida juntos.

Si hemos de buscar una mejor pensión, también es importante tener un proyecto de vida para la vejez y mi recomendación, muy personal, es tener una pareja con quien compartir, con la cual tener que recordar, y sobre todo, planes para seguir disfrutando de esos misterios tan maravillosos que tiene la vida.

En ocasiones confundimos los medios con los fines, el ahorro es un medio para una mejor pensión, la pensión es un medio para una vida más tranquila en la edad de retiro, la tranquilidad en la vejez es para poder disfrutar de tu pareja y en esos años de plenitud contribuir de otras formas a nuestra familia, la sociedad, la nación y el mundo.

Por supuesto que seguiremos recomendando tomar decisiones acertadas desde hoy para alcanzar una pensión más digna, pero dentro de esas decisiones relevantes también está plantearse con seriedad con quien compartir esa etapa de la vida, después de la vida laboral; en nuestras manos está, y yo agradezco a Dios de tener la dicha de tener resuelta esta parte de la ecuación, años hace.

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